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Don Rodrigo Gómez (1897-1970)

Don Rodrigo Gómez fue un promotor de instituciones. Ese es el primer elemento para explicar cómo fue que discurrió el establecimiento del CEMLA en el año de 1952, ya ocupando un cargo de gran influencia en el Banco de México. De ese temple fundador brotaron otras entidades a cuyo establecimiento prestó su colaboración. Fue el caso, por ejemplo, del Banco Interamericano de Desarrollo, que abrió sus puertas en 1960 y de muchos otros organismos que se crearon en el Banco de México con el fin de impulsar el progreso económico del país. Mediante una utilización muy hábil de la figura del fideicomiso público, durante la época de Rodrigo Gómez se establecieron en 1954 los Fideicomisos Instituidos en Relación a la Agricultura, en 1960 el Fondo para el Fomento de las Exportaciones de Productos Manufacturados y años después otros instrumentos semejantes para promover la vivienda de interés social, el equipamiento industrial y los polos de desarrollo turístico.

Otro rasgo típico en don Rodrigo Gómez fue su vocación de latinoamericanista. En honor a esa variante, desde 1958 fue designado por el gobierno mexicano para participar con el patrocinio de la Comisión Económica para América Latina en los trabajos que culminarían en la conformación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, alalc. En el campo específico de la banca central, la idea paralela fue crear en la región un sistema multilateral de pagos. Desde que empezaron los trabajos correspondientes, el representante mexicano se distinguió por su capacidad intelectual además de su gran convicción para impulsar la integración económica de las naciones de América Latina. Se entregó a este ideal con gran compromiso y lo impulsó en muchos foros e instancias de negociación.

El otro factor que explica el por qué Rodrigo Gómez promovió el establecimiento del CEMLA fue el interés que siempre mostró por el desarrollo de los recursos humanos en la banca central. Consciente de que el alma de las instituciones la integran principalmente las personas que laboran en ellas, quienes les dan su dimensión política y social, Rodrigo Gómez siempre prestó gran atención a la formación de cuadros profesionales en el Banco de México. Sus muchachos, como afectuosamente llamaba don Rodrigo Gómez a los jóvenes profesionales con mayor potencial, recibieron oportunidad para formarse en las mejores universidades del país y del extranjero. Posteriormente, bajo su cuidadosa orientación se fueron fogueando en el desempeño de responsabilidades crecientes.

El CEMLA fue una suerte de legado del Banco de México y de don Rodrigo Gómez en lo personal, en beneficio de los bancos centrales de los países de América Latina. Se trataba de una obra que debería impulsarse con la mayor atención. Consolidar al CEMLA para que con el tiempo se fuera fortaleciendo y ofreciera su mayor utilidad. Andando el carro se acomodan las calabazas, solía decir con pragmatismo y sabiduría popular aquel promotor neoleonés. Este compromiso explica los múltiples apoyos que recibió el CEMLA del Banco de México, sobre todo durante su etapa de despegue. En esa lista destacan las ayudas para sus primeras instalaciones y luego a fin de que el organismo pudiese contar con un edificio sede. También cabe destacar los apoyos presupuestarios y la buena disposición para que los técnicos del Banco de México colaborasen en las labores de docencia y de investigación.

 

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